Rincón del Dirigente

Schestakow: 20 años en el Rojo

Los bailes de Anzorena
Volvieron a ser felices

El dirigente Daniel Schestakow recordó sus inicios como Vocal en Anzorena y contó sobre su vida fuera de la»naranja».

“Hablar ‘del Dani’, es referirnos a un excelente padre, hijo y hermano, es decir, un crack (sic). Siento gran admiración por él. Todo lo que hace es con sacrificio, pasión, inteligencia y sobre todo mucho amor. Los hermanos no se eligen, pero por suerte los amigos sí, y a mí me tocó el mejor de todos. Es un fiel reflejo de lo que fue como jugador. Muchas personas y equipos quisieran tener un Daniel en sus vidas”.

Con estas precisas palabras, Miguel “Cebolla” Diblasi definió a su amigo, compañero y rival, Daniel Schestakow, quien próximo a cumplir los 60, ostenta el cargo de 1° Vocal Titular, en la actual Comisión Directiva, que encabeza Marcelo Martin.

Y ese amor por el Rojo, que no se perdió jamás, arrancó allá por el 2000, cuando motivado por el presidente Filizzola, depositó en el club, la confianza para la enseñanza de su hijo. Alejo, figura indiscutida de Anzorena en los últimos años, comenzó así con sus primeros dribling, pases y lanzamientos. Habrá que repasar y mucho por las historias de otras Instituciones, tanto deportivas como no, para encontrar un personaje, que 19 años después, sigue vigente en el mismo lugar. Un ejemplo.

Casado con María Elena, y padre de tres bellas criaturas (Martina, Alejo y Mayra), transita sus días entre Saigro S.A.- empresa de su poder-, la bicicleta, la batería, Anzorena, y su última admiración: su nieta Guillermina.

“El básquetbol me ha dado muchísimas cosas”, comenzaría diciendo el hombre que es querido por todo el ambiente de la «naranja», y que picó la pelota en Guillermo Cano, Atenas y Obras, para dejar la actividad a sus jóvenes 30 años, por una problema en la columna. Así, en una extensa charla, repasó sus inicios, contó de su vida laboral y lo que fue llevar a Anzorena al TNA. Imperdible entrevista con alguien sincero, humilde y respetuoso, que supo además vestir el buzo de entrenador en “La Catedral”.

SUS INICIOS

-¿A qué edad y por qué empezaste a jugar?

-Comencé a los 13 años en el Club Cano. Mi papá nos llevó, a mi hermano y a mí, al gimnasio del profesor Luis Rodríguez. Ahí iban Hugo Sochi y Miguel Fragapane que jugaban en la primera de Cano. Ellos lo invitaron a mi hermano (Carlos), lo fui a ver jugar en su primer partido y desde ahí me enamoré del básquet y le dije a mi papá que yo también quería jugar. Empecé a entrenar y debuté en Cadetes Menores contra Anzorena. Ahora que lo pienso, digo, ¡qué casualidad!

-¿Cuánto influyó tu papá que era del ambiente para sumarte al deporte?

-Muchísimo, tanto él como el resto de mi familia siempre me apoyaron. Todos los días iba al Club Cano a entrenar alrededor de las 18. Mi padre pasaba a buscarme después de las 23 y mi familia estaba esperándonos para cenar. Además, iban a casi todos los partidos. Hasta cuando jugué en Maxi Básquet, iba a verme.

-¿Qué recuerdas de tu paso como jugador? ¿Qué te marcó?

-Fue una etapa muy linda de mi vida, imborrable. Todavía a veces sueño que juego (risas). Y me marcó porque los entrenadores, compañeros y rivales que tuve, muchos terminaron siendo amigos con todas las letras para toda la vida. También del básquet aprendí que el deporte es una escuela de vida: te enseña, entre otras cosas a luchar, a valorar los logros, a no entregarte nunca, a saber que aunque te esfuerces te puede ir mal, pero es el único camino que te conduce a lograr algún objetivo. Te enseña a respetar, a disfrutar, a compartir.

-¿Te dejó muchos amigos el deporte?

-Muchísimos. Un porcentaje muy elevado de mis amigos provienen directa o indirectamente del básquetbol. Mira lo que te digo, hasta el origen de mi familia es por el básquet, ya que en este ambiente conocí a mi señora. Mi hija mayor se casó con un jugador de básquet y me dieron una hermosa nieta. Estoy seguro que, mis amigos y la gente que conocí, son el principal bien que obtuve de este deporte.

AMOR A PRIMERA VISTA: ANZORENA

-Tuviste inicios en Cano y también jugaste en Atenas, pero nunca en Anzorena. ¿Cómo llegaste a este amor?

-Cuando mi hijo Alejo tenía 7 años quería jugar al básquet. Yo soy amigo de Alberto Filizzola y nuestros hijos también. Él era el Presidente de Anzorena y junto con su hijo Alejandro, lo llevaron a Alejo a Anzorena. Desde ahí comencé a participar en viajes y luego, a formar parte de la Comisión Directiva.

-¿Qué significa Anzorena en tu vida personal? ¿Qué te dieron estos años? ¿Y qué te quitaron?

-Anzorena es una pasión. Siento que es mi casa, un lugar donde siempre recibo mucho cariño. Me dio la posibilidad de desarrollar, junto a otros dirigentes, una idea de club; me dio muchos amigos más como Miguel Aguilera y Hugo Marchetta, y muchas alegrías y satisfacciones. Conocí muchos lugares del país acompañando a los jugadores en las distintas categorías; conocí mucha gente y aprendí mucho. No siento que haya me quitado algo, al contrario, todo el tiempo invertido fue devuelto con creces.

-Fuiste uno de los impulsores y hacedores de que Anzorena juegue por primera vez en el TNA. Viéndolo hoy en el tiempo, una hazaña con mezcla de locura. ¿Lo volverías a hacer?

-Sin dudas lo volveríamos a hacer. Por supuesto que me hubiera gustado continuar en la categoría. No pudimos contar con el apoyo económico y nos tocó un cambio de gobierno y el momento de decidir nuestra continuidad fue justo en la transición y no teníamos con quien negociar. En el sector privado tampoco logramos el dinero necesario. Todo eso fue determinante y una gran frustración. Fue una locura que valió la pena.

-Tuviste una etapa como entrenador, que marcó momentos de gloria para el club. ¿Cómo fue esa parte? ¿Lo disfrutabas?

-Fue una de las etapas más lindas que viví en el básquet. Compartir con niños/adolescentes fue algo increíble. Verlos crecer como personas y como jugadores será algo que nunca olvidaré. Viajar con ellos, ver como descubrían cosas, millones de experiencias y anécdotas junto con Leo Marchetta, entre otros. Fue una etapa hermosa con mucha adrenalina. Recoger el cariño de los chicos, a quienes aún hoy los veo y me siguen demostrando que algo hicimos bien, es una gran satisfacción.

-Muchas veces se te ha escuchado decir, que en Anzorena un 50% en planificación y el otro el esfuerzo de un par de locos que se van tirando. ¿Cómo es esto?

-Un poco fue así. Surgía una buena o linda idea y sin medir o evaluar los inconvenientes, nos embarcábamos, ya que después de alguna manera lo resolvíamos. Así se hicieron muchas cosas. Lo que no quiere decir que esté de acuerdo con ese mecanismo porque creo en la planificación, en estudiar con detenimiento cada proyecto, pero la pasión le ganaba a la razón.

-¿Qué fue más difícil de manejar: el club o tu empresa?

-Creo que la experiencia obtenida dirigiendo nuestra empresa me sirvió para colaborar en el club. En las decisiones que tomamos en la empresa predomina más la razón, en cambio en el club se mezcla con el corazón.

-Detrás de todo logro, como campeonatos o hasta jugar el Federal o TNA, hay muchos esfuerzos y complicaciones a su vez. ¿Qué cosas no se vieron o reflejaron en ese proceso importante para que el club llegue a esta actualidad? ¿Qué hubo detrás de tantos años en torneos nacionales?

-Poner en la cancha a un equipo profesional tiene un montón de cosas que no se ven. Contratar jugadores, cuerpos técnicos, hablar con representantes, conseguir las viviendas para los foráneos, recuperar a un jugador lesionado, acondicionar las instalaciones del club, formar un equipo de prensa-que en nuestro caso estuvo a cargo de Juan Pablo Marchetta, quien lo hizo de manera brillante-, armar un viaje, y podría seguir nombrando una infinidad de actividades que genera este tipo de competencia. Fue un gran esfuerzo y además éramos muy pocos los que teníamos que encargarnos de todo esto. Mucho fue a prueba y error, pero no teníamos otra forma. Siempre sentí que competíamos en inferioridad de condiciones porque la mayoría de nuestros rivales tenían apoyo económico estatal y con dinero disponible, todo esto es más fácil. Fuimos pioneros en la Provincia en esa época y costó mucho. Conversábamos cada vez que teníamos la oportunidad con los dirigentes de clubes de otras provincias y tratábamos de aprender y compartir como solucionar cada inconveniente. Fueron muchas horas dedicadas pero valió la pena. Si volviera el tiempo atrás, lo haría de nuevo, seguramente corrigiendo los errores que sabemos que cometimos.

-¿Cuál ha sido el clic en estos años de gestión? ¿Dónde estuvo el cambio?

-Creo que el principal cambio ha sido incorporar gente más joven en la Comisión Directiva, con ganas de trabajar por el Club y que a su vez, que muchos, hayan sido jugadores que quieren devolverle a la Institución parte de lo que recibieron en su momento, es muy importante. Eso también permite planificar mejor y sobretodo repartir tareas, que son muchas. Veo mucha gente con ganas de trabajar, que no sólo aportan ideas sino que, sobretodo, están presentes a la hora de hacer. Con un presidente como Tuco Martin, que al igual que Miguel Aguilera, sabe hacia dónde quiere ir y tiene un gran poder de convocatoria.
Hay una energía positiva muy grande.

SU VIDA LABORAL, FAMILIAR Y SUS OTRAS PASIONES

-¿Cómo pasa los días Daniel Schestakow? ¿Cómo es una jornada tuya?

-De lunes a viernes, todas las mañanas voy a la oficina. Las primeras horas de las tardes se las dedico, en lo posible, a hacer deporte: ciclismo y gimnasia. Luego desde mi casa, continúo trabajando, sobretodo hablando por teléfono, y tocando un rato la batería. Algunos días voy al club a reuniones. Una vez por semana voy a clases de batería. Algo de televisión después de cena y a dormir. También trato de hacer algo por mis padres, visitarlos, algún trámite. En épocas normales, es decir sin pandemia, también viajo un par de veces por mes por temas de trabajo y por supuesto, voy a la gran mayoría de los partidos de Superliga que juega Anzorena. Los sábados a la mañana me dedico a lo que quedó sin terminar durante la semana, ver a mis padres y a la tarde, a andar en bicicleta. Los domingos tratamos de pasarla en familia, con asado hecho por mí (risas).

-Has sumado hace un tiempo ya, otras pasiones: la bicicleta y la batería. ¿Por qué la bici? ¿Por qué la batería? ¿Qué te entusiasma?

-Los últimos años que jugué en Maxibasquet sufría mucho por los dolores de columna porque estoy operado de una hernia de disco, entonces pensé que tenía que buscarme alguna actividad que me desafiara, algo pendiente, y elegí aprender a tocar la batería. Eso fue a los 48 años, realmente empecé muy grande. Desde ahí siempre fui una vez por semana a clases. La batería es un hobby que me provoca, todos los días, un desafío. Tengo muy claro que no voy a ser un buen músico pero me gusta mucho y todos los días aprendo algo nuevo. En el ciclismo encontré el lugar donde poder hacer deporte con objetivos, donde poder volver a entrenar y además compartir con la gran cantidad de amigos que voy cosechando en este deporte. Empecé por invitación de dos amigos que me dio el básquet, el Gringo Sechi y Fernando Romero, y luego me apasioné con el Mountain Bike. Me entusiasma el entrenar para mejorar, para lograr cosas que nunca imaginé que me animaría a hacer y a su vez me mantiene bien físicamente, dentro de lo posible. Recorrer senderos, andar en la montaña, me hace sentir que estoy dentro de la naturaleza.

-¿Cuánto tuvo que ver tu familia para que pudieras dedicarle casi todo tu tiempo al club? ¿Cuánto aguante existió detrás?

-Mi familia fue y es fundamental. El aguante fue total, tanto a mí como a Alejo. Debemos estar eternamente agradecidos a las mujeres de la casa por todo lo que nos apoyaron.

-Fuiste jugador, y después Alejo (su hijo), siguió tus pasos. ¿Observas similitudes entre el juego de los dos?

-Las comparaciones no son buenas y tampoco me gusta hablar de Alejo como jugado; prefiero saber que es una excelente persona y un gran hijo, pero voy a ser sincero y voy a responder. Alejo es un jugador mucho más completo de lo que era yo, jugó en niveles superiores a los que llegué yo y físicamente es muy fuerte. Pero la únicas similitudes que puedo encontrar es, creo que yo también era un buen defensor y sobretodo que siempre entregamos todo.

-Si tuvieras que definir en un par de palabras a Anzorena, ¿cómo lo harías?

-Anzorena es una pasión. Es un lugar donde se vive una adrenalina muy difícil de explicar.

VISIONES DEL MUNDO DE LA NARANJA

-Llevas más de 40 años con este deporte, ¿cómo ves su actualidad a nivel provincial?

-Si te referís a antes de la pandemia, creo que hay un marcado descenso en la calidad de las divisiones formativas por varios motivos que sería largo de explicar. Y a nivel de Primera División, el nivel se ha mejorado sobre todo por las erogaciones que hacen los clubes en pagos de sueldos y por la contratación de extranjeros. Sin dudas, que el espectáculo ha mejorado, pero personalmente, me gustaría que podamos encontrar un equilibrio entre los gastos que ocasiona ser protagonista en Primera y no descuidar las divisiones formativas ni las inversiones en infraestructura; ambas cosas deben acompañar al crecimiento del espectáculo que brinda la Primera. Lo que vendrá cuando se pueda retomar la actividad, es incierto. Nosotros tenemos un proyecto que busca ese equilibrio que te mencioné anteriormente.

-Sos de sentarte a ver básquetbol por televisión ¿Qué te gusta ver más NBA, Liga Nacional o Euroliga?

-Antes veía mucho más que ahora. Me gusta mucho más la Liga Nacional y la Euroliga. La NBA es, más que nada, un espectáculo.

DANIEL SCHESTAKOW EN PRIMERA PERSONA

-¿Cómo crees que será recordado Daniel Schestakow?

-Eso no te lo puedo decir. Cada uno me recordará de una manera distinta: algunos bien y otros no tanto. Es probable que los que más me conocen me recuerden como un apasionado que cuando hizo algo, trató de dar todo, con muchos defectos, pero buenas intenciones.

-¿Te queda algún sueño por cumplir?

-Mi principal sueño es ver a mis hijos desarrollarse en lo que quieran y que sean felices. Pero en lo personal, siempre le digo a mi amigo del alma, Miguel «Cebolla» Diblasi que cuando me muera ponga en la lápida: “Hizo todas las que quiso, ahora descansa”. Pero seguramente en los años que me queden, algo se me va a ocurrir (risas).


MINUTO ESPECIAL:

Año del debut en Primera: Debuté en 1978 en la cancha de Cano contra Anzorena, unos días antes de cumplir 17 años

Familia compuesta por: Mi esposa María Elena; mis hijos Martina, Alejo y Mayra; mis yernos Ignacio y Bruno; mi nieta Guillermina, mis padres, mi suegro, mi hermano Carlos y mis sobrinos (Juan Ignacio, Franco y Santiago).

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